"Territorios Inteligentes, o cómo reimaginar el país desde las estructuras más pequeñas"

"Si cada proveedor pone su tecnología por cumplir con un contrato, pero esa tecnología no se va a hablar con la que viene […] Si no hay una voluntad política y una voluntad de la gente, va a ser muy difícil y solo vamos a tener islas", Camilo Bernal, Fundador y Socio de Digital Ware en entrevista con ImpactoTIC para el reciente especial sobre Territorios Inteligentes, o cómo reimaginar el país desde las estructuras más pequeñas. 

Cuando se habla de Ciudades Inteligentes es prácticamente imposible evitar que desde los ya cuarentones en adelante caigamos en el lugar común de pensar en Los Supersónicos, mientras que los más jóvenes tendrán en su cabeza referencias más cercanas en películas como HerBlade Runner 2049 y Minority Report, entre muchas otras que el séptimo arte ubica en escenarios futuristas.

Y de eso es precisamente de lo que no se tratan las Ciudades Inteligentes. O de lo que no solamente se tratan, pues si bien la tecnología en una herramienta fundamental para el desarrollo del concepto, la inteligencia de las ciudades no se mide exclusivamente en la cantidad de tecnología que poseen, sino en el buen uso que se hace de ella para su desarrollo y el de las personas que viven allí. Lo anterior incluye temas como el acceso a servicios públicos, educación, movilidad, seguridad, calidad de vida, sostenibilidad… De entrada, pensar en un mundo en el que los robots toman el control del planeta en perjuicio de los humanos es completamente opuesto al concepto de Ciudad Inteligente, por mucha tecnología que tenga.

Claro, en el mundo actual es casi imposible pensar, por ejemplo, en seguridad sin cámaras inteligentes y reconocimiento facial; en movilidad sin redes de semáforos inteligentes y sistemas de comunicaciones de alta velocidad y baja latencia; en sostenibiidad y consumo racional de energía sin sensores y medidores. La tecnología, sin duda, está allí, pero su valor no se mide en la cantidad de aparatos comprados o en los millones de dólares invertidos, sino en los beneficios que estos tendrán para la sociedad, para las personas, para las ciudades…. ¡para el país entero!

Por eso mismo, encontrar una sola definición de Ciudad Inteligente no es fácil, pues la aplicación y el desarrollo del concepto dependen de las necesidades de la ciudad y de sus ciudadanos (¿para qué una red de semáforos inteligentes si basta con muy buenas ciclorrutas?), de su razón de ser o su vocación (¿hablamos de ciudades turísticas, industriales, comerciales?), de su ubicación geográfica (¿serán necesarios esos paneles solares en un lugar que pasa la mitad del año a oscuras y la otra mitad, en penumbra?).

De hecho, durante la planificación del evento con que damos inicio esta serie de contenidos sobre el tema, en Impacto TIC nos preguntamos si la inteligencia es exclusiva de las ciudades o si –por ejemplo, en el caso de Colombia– se puede hablar de municipios inteligentes, veredas inteligentes, corregimientos inteligentes. La conclusión es tan clara que tanto el evento como el especial llevan en su nombre ‘Territorios Inteligentes’, pues el aprovechamiento de la tecnología no puede limitarse a las zonas urbanas del país. Que haya dificultades para acceder a ella es un problema que sigue pendiente de resolver, pero mientras eso sucede, los territorios rurales o de menor escala que las grandes ciudades no pueden renunciar al hecho de pensar en la inteligencia como un patrimonio común.

También es claro que sacarse de la cabeza las ciudades es difícil si se tiene en cuenta que, según la ONU, en 2050 el 68 % de la población del mundo vivirá en las áreas urbanas. Hoy, la cifra es de 55 %.

Por otra parte, aunque es un tema en el que no hay un consenso definitivo, hablar de inteligencia también produce una que otra mueca de descontento. En una entrevista con Impacto TIC, en octubre de 2019, Mario Castaño, director técnico de Cintel, se preguntaba qué son las ciudades que no son inteligentes… ¿Son ciudades brutas? Para el ejecutivo, la traducción tan literal del termino smart (de las smart cities) como inteligentes no refleja realmente lo que el concepto significa. Para él, ese smart tiene que ver más con el ingenio, la agudeza, el hecho de ser listos para enfrentar los retos y aprovechar los recursos que ayudan al desarrollo y la transformación de las ciudades.

Pero no es el único con dudas. Pedro Julio Uribe, director regional de Microsoft para América Latina y el Caribe, cree que cuando se habla de Ciudades Inteligentes la gente asocia el concepto solamente con tecnología, por lo que él prefiere referirse al concepto como procesos de Transformación Urbana Digital, que no solamente involucra al tema tecnológico, sino también –por supuesto– el urbano. Se podría decir que, aunque hay un término dominante, sucede lo mismo que con otros conceptos, como el de Cuarta Revolución Industrial, que algunas personas e instituciones prefieren llamar de otra manera.

Al final, el concepto de Ciudad o Territorio Inteligente, como los mismos Territorios Inteligentes, todavía está en construcción: «En un momento pensamos que la ciudad se iba a automatizar completamente de un momento a otro y que para esta época, para 2020, estaríamos inmersos en una ciudad completamente automática. Pero realmente desplegar una visión como esa es complejo, todavía hay muchos estándares en juego, desarrollándose, discutiéndose… Entonces, estamos en ese momento en el cual encontramos los puntos álgidos que debe implantar cada ciudad que quiere ser inteligente, cuáles son sus casos de uso. Y de ahí prevemos nosotros que salga ese exponencial de adopción, que empieza en cada ciudad por el punto que le resuelve las mayores inquietudes que tiene», señala Juan Carlos Garcés, country lead de Intel en Colombia.

Pero entonces, ¿qué son los Territorios Inteligentes?

En la búsqueda de una definición, hablamos con ejecutivos de empresas y entidades que tienen dentro de sus proyectos fundamentales el desarrollo de Territorios Inteligentes, bien sea como líderes, analistas o proveedores de tecnología. En el camino encontramos un estudio reciente, titulado Índice de Ciudades Inteligentes 2020, realizado por el Instituto de Desarrollo Gerencial (IMD, por la sigla en inglés del Institute for Management Development), que tiene una particularidad interesante: utiliza como base para su análisis la percepción de los habitantes de las ciudades. Si bien aprovecha recursos más técnicos (estadísticas o la información del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, por ejemplo), los resultados finales tienen que ver más con la percepción que tienen los ciudadanos de las tecnologías y de las estructuras que las ciudades utilizan para llevarles servicios, analizadas desde 5 frentes fundamentales:

  • Salud y seguridad
  • Movilidad
  • Actividades
  • Oportunidades
  • Gobernanza

Parte del objetivo de usar este factor como el fundamental para la medición es entregar a los gobernantes de las ciudades una herramienta para evaluar cuáles son los aspectos que deben mejorar en sus planes y políticas, afirma José Caballero, economista sénior del Centro Mundial de Competitividad, quien compartió con Impacto TIC su análisis del estudio.

Pero que la percepción de los ciudadanos sea tan importante en el Índice de Ciudades Inteligentes de IMD no es fruto del azar o una coincidencia. Para Pedro Julio Uribe, el desarrollo de los Territorios Inteligentes no es competencia exclusiva del gobierno o de la empresa privada, sino que involucra a estos 2 sectores junto con la sociedad civil; y la participación de esta última no solamente es fundamental, sino que debe ser ella la que ejerza un control sobre la ejecución de los planes marcados en la hoja de ruta: «Cuando la sociedad civil se apodera del diseño (de los Territorios Inteligentes), lo que hace es que los siguientes gobernantes se comprometen con el plan para que continúe y no permite que se vuelva a arrancar todo de ceros».

Planear a largo plazo y en mayor escala

Lo dicho hasta el momento necesariamente implica que los planes para el desarrollo de Territorios Inteligentes tienen que ser a largo plazo. No basta un período de gobierno de 4 años (como los de los alcaldes y gobernadores en Colombia) para darle forma a un Territorio Inteligente, mucho menos si cada nuevo mandatario viene con una visión completamente diferente a la del anterior.

Uno de los aspectos que llamaron la atención de Camilo Bernal, fundador y socio de Digital Ware, tras una visita a Shanghai (China), es que en un lugar emblemático de la ciudad existe una maqueta en la que se puede ver cómo será su desarrollo en los próximos 30 años. ¡Y los gobernantes cumplen ese plan!

Claro, es China… pero si en algo coinciden los expertos consultados por Impacto TIC es en que si bien las escalas pueden variar, no por el hecho de ser más pequeñas las Ciudades Inteligentes de Colombia y América Latina y deben renunciar a una aspiración de ser como Shanghai (desde la experiencia personal de Bernal), y prueba de ello es que ciudades como Singapur, Helsinki o Zurich, más pequeñas que muchas ciudades latinoamericanas, están en el podio del índice de IMD.

De hecho, en este índice la primera ciudad latinoamericana que aparece en la clasificación es Medellín, en el puesto 72, y más atrás está Bogotá en el 92. Pero a juicio de José Caballero, esto no significa que las ciudades de nuestro país o de nuestra región estén atrasadas. Al contrario, están muy bien, pero sus condiciones socioeconómicas hacen que los procesos se desarrollen a una escala menor a como sucede en las ciudades top del listado. En palabras del experto del Centro Mundial de Competitividad, la diferencia entre Medellín y Singapur puede no ser de naturaleza, sino de grados (no es de concepto, sino de escala).

Por supuesto, esto tiene los matices que implican los conceptos mencionados anteriormente, relacionados con las necesidades, la vocación e incluso la ubicación geográfica: «Cada ciudad es única, yo no puedo copiar en Colombia lo que se hizo en Europa, porque donde está ubicada la región me da un contexto de cómo desarrollar la infraestructura», señala Pedro Julio Uribe, de Microsoft. En otras palabras, no se puede garantizar que para llegar a ser como Helsinki o Zurich, Bogotá o Medellín deban hacer las mismas cosas que hicieron estas ciudades para lograr su grado de desarrollo; pero tampoco se puede pensar que es algo que no se puede lograr por otros caminos. En lo que insiste el ejecutivo de Microsoft es en que para lograr un buen resultado, son necesarios procesos incrementales que requieren compromisos a largo plazo, más allá de lo que dura un período de gobierno.

De lo particular a lo general… ¿o viceversa?

Pero así como en Impacto TIC nos preguntamos si la inteligencia también puede existir en estructuras territoriales más pequeñas que las ciudades, es importante pensar que la inteligencia no se puede dar de manera individual en cada territorio, sin que existan unas condiciones mínimas que garanticen la interoperabilidad de las diferentes ‘inteligencias locales’.

En Bogotá sufrimos la situación, hace algunos años, en una escala ‘menor’ cuando los ciudadanos nos dimos cuenta de que las tarjetas que se usaban para viajar en TransMilenio no servían para viajar en el SITP y viceversa, 2 sistemas que, por definición, deberían estar integrados. El asunto se resolvió, pero desde el comienzo esa situación no tenía sentido en el contexto de una Ciudad Inteligente.

La situación se puede sacar de la capital y llevarse a las carreteras del país: ¿todos los peajes para viajar de un extremo al otro de Colombia se pueden pagar con los mismos tags que se ponen en la ventanilla de los vehículos?, ¿los sistemas digitales de todos los operadores de transporte intermunicipal reciben los mismos medios de pago? Al respecto, el fundador de Digital Ware sostiene que el concepto de Ciudades o Territorios Inteligentes no se puede desarrollar de manera apartada para que al final tengamos islas que no se comunican entre ellas.

Para él, es indispensable que existan planes nacionales de gobierno (que podrían estar definidos por el Ministerio TIC y que incluso deberían pasar por el Congreso), políticas públicas que garanticen datos abiertos, interoperabilidad, definición de estándares (así como existe un estándar para el sistema de televisión, debería existir para las demás tecnologías que se implementen en el país). «Pero si cada proveedor pone una tecnología por cumplir con un contrato, pero esa tecnología no se va a hablar con la que viene… […] Si no hay una voluntad política y una voluntad de la gente, va a ser muy difícil y solo vamos a tener islas», señala Camilo Bernal.

Juan Carlos Garcés, de Intel, identifica esta idea como una estructura de base, que compara con un Lego sobre el cual se van acoplando todos los casos de uso y en la que los estándares tienen un papel muy importante. En términos de cómo se conectan los diferentes Territorios Inteligentes, la cabeza de Intel en Colombia identifica 2 niveles de interconexión: la física y tecnológica (que está mediada por Internet, principalmente), y otra a nivel de las personas: «El sustrato de la Ciudad o del Territorio Inteligente se conecta a través de las personas, de su interacción, de cómo esos territorios en sí mismos acuerdan intercambiar esa información para ser mucho más efectivos». En otras palabras, para que el país crezca como un Territorio Inteligente se necesita que, además de usar estándares para su desarrollo, las comunidades hablen entre ellas.

Ahí es donde, de nuevo, la tecnología por sí sola no puede garantizar el desarrollo del concepto de Territorios Inteligentes: «Se ha dicho que el petróleo del Siglo XXI son los datos, entonces necesitamos generar datos con los sensores que están puestos en una bicicleta, en TransMilenio, en una ciclorruta, en un semáforo. Pero no es suficiente con que se generen datos, se necesita correlacionarlos. La ciclorruta necesita saber dónde viene el carro; el carro necesita saber dónde está el aeropuerto, y el aeropuerto necesita saber dónde están los servicios médicos… Y necesitamos que esos datos no se queden como simples datos, sino que se conviertan en información útil para cada uno de los ciudadanos», señala Jorge Vergara, gerente de Tecnología e Innovación de IBM Colombia.

¿Cuál es la ruta hacia 2030?

En días pasados, el Ministerio TIC de Colombia anunció que aplicará un modelo de madurez para reconocer cuáles son las capacidades y oportunidades de 61 ciudades de Colombia para convertirse en Territorios Inteligentes. En el listado aparecen nombres como Bogotá, Medellín y Cali, por supuesto, pero también otros como Duitama (Boyacá), Flandes (Tolima), Calarcá (Quindío), Barranca de Upía (Meta) y Galapa (Atlántico); un panorama bastante diverso en términos de condiciones, necesidades, ubicación…

Según el ministerio, el modelo busca identificar el estado actual de la ciudad o territorio a través de 6 componentes: Medio Ambiente, Hábitat, Desarrollo Económico, Personas, Calidad de Vida y Gobernanza.

Uno de los componentes más importantes del proyecto es que la visión de los ciudadanos se integrará al diseño del modelo de Territorio Inteligente en cada una de las ciudades del listado.

Sobre el papel, todo concuerda con las definiciones de los expertos en la materia y marca un buen punto de inicio. Sin embargo, está sobre la mesa la capacidad de ejecución, una de las críticas que Pedro Julio Uribe tiene con respecto al desarrollo de este tipo de proyectos en el país. Y su crítica no carece de fundamento: según el ejecutivo de Microsoft, la costa norte de Colombia y los Santanderes tendrían hoy un grado de evolución en materia de Territorios Inteligentes superior al de Europa, si en su momento se hubieran puesto en práctica todos los planes contemplados en un proyecto llamado Diamante (Caribe & Santanderes), que involucraba 12 ciudades en 9 departamentos del país.

Entonces –hablamos del año 2013–, se definieron más de 80 proyectos relacionados con la vocación de cada una de las ciudades y departamentos (Montería estaba orientada a ser una agrópolis; los Santanderes estaban destinados a ser el ‘valle de la salud’); como parte del proyecto se entrevistó a los líderes locales y departamentales, y se contó con las comunidades en el proceso de planeación. Y si bien Uribe reconoce que algunas regiones han dado continuidad a los planes elaborados entonces, el Diamante no se concretó como un proyecto nacional. Aquí, vuelve y juega la voluntad política: «Somos buenos en hacer diagnósticos y estudios, pero poco en ejecutar los proyectos», señala el ejecutivo de Microsoft.

Los expertos consultados y el equipo de Impacto TIC esperamos que el plan actual del Ministerio TIC para impulsar los Territorios Inteligentes en el país tenga mejor suerte que el proyecto Diamante.

Así las cosas, no cabe duda de que la cultura y la tecnología deben ir de la mano en estos procesos de construcción de municipios, ciudades, departamentos, territorios… de un País Inteligente. Pero así como tener toda la tecnología no serviría de nada si el aspecto cultural no funciona, tener toda la cultura tampoco sirve de nada si no se cuenta con la tecnología y con los recursos necesarios para ponerla en función del desarrollo de los Territorios Inteligentes.

¿Cuánto se necesita de cada una? Mitad y mitad, señala José Caballero. Pero su visión al respecto es clara: «No podemos pensar en convertirnos en una región inteligente, si la mayor parte de nuestras poblaciones no tiene acceso a las tecnologías […] Parte de la cultura latinoamericana, lamentablemente lo debo decir, es que hemos normalizado las desigualdades sociales, económicas y políticas que vive mucha de nuestra gente, y no cambiar esa cultura lleva a un statu quo de la política, hace más difíciles las condiciones sociales para estas personas y hace menos adaptables las ciudades. La tecnología no va a funcionar como funciona en otras regiones si no cambiamos la cultura».

Evacuar todos los aspectos relacionados con los Territorios Inteligentes en un solo texto es una labor tan compleja, que en Impacto TIC decidimos dedicar las próximas semanas a generar diferentes tipos de contenidos, en los cuales exploraremos con mayor profundidad cada uno de los elementos que involucra el desarrollo de este concepto. Como ya lo mencionamos antes, el punto de partida es el evento Reimaginando los Territorios Inteligentes: ¿Cuál es la ruta para Colombia hacia 2030?.

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